Conócete y Cambia
22 mayo, 2016
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Conócete a ti misma

¿ PERO, QUIÉN SOY ?

¿ Alguna vez te has hecho esta pregunta?

¿ Alguna vez ha emergido una parte de ti que desconocías ?

Un “esto no estaba previsto”,
“ lo tenía todo tan claro”

¿ Quién soy ?

Cuando surge esta pregunta, suele ir acompañada de sorpresa, incertidumbre, angustia y miedo.

Mucho miedo.

Un acontecimiento, precipita una parte de Ti que te mueve, te tambalea e incluso te rompe por dentro.

Esa parte desconocida de ti misma, rompe con esa sensación de cotidianeidad, estabilidad y equilibrio.
Irrumpe de pronto, rompiendo tus expectativas y tu manera de vivir.

Ya no hay vuelta atrás.
Te has precipitado a un abismo
y entras en crisis.

Muchas personas buscamos seguridad, certeza y equilibrio en lo conocido.
En nuestra famosa zona de confort.
Y es fantástico, pero también hay una parte de crecimiento, desarrollo, novedad y cambio que necesita entrar con fuerza en nuestra vida.

Abrirse al cambio, desde un centro de personalidad firme e integrado es muy necesario para no perderse en tsunamis emocionales, dudas existenciales o conflictos vitales.

Cada experiencia de nuestra vida nos enseña, nos expande y nos desarrolla.
Lo que tenga que quedarse lo hará y lo que tenga que marcharse también lo hará.

Sin embargo, nuestra tendencia natural es mantener en lugar de dejar ir.
El dejar ir, lo vivimos como una pérdida y sufrimos enormemente.
Puede ser cualquier tipo de cambio, pasar de ser universitaria a trabajadora, de soltera a casada, de hija a madre.
Dejar una relación que no aporta, para dar espacio a la que si, soltar un trabajo que mina nuestras aspiraciones o dificulta nuestra vida en pareja.

Muchas veces, antes de que sucedan estas situaciones, sentimos tensión, duda, miedo e incertidumbre. Estamos alteradas, somatizamos, sufrimos y reaccionamos de modos muy diversos a los habituales.

Nos extrañamos de nosotras mismas

La sacudida interna es tan fuerte, que acabamos preguntándonos:

¿ QUIÉN SOY ?

Esta es la gran pregunta, aquí empieza todo.
Cada experiencia nos dirige a nuestro propio Proceso de Individuación.
Nuestro propio proceso de saber quienes somos.

Jung, observó la tendencia natural de todo individuo a llegar a ser él mismo, a llegar a ser completo.
Ser completo en función de su esencia, en lugar de ser perfecto en función de un modelo estándar.
Ser perfecta no tiene nada que ver con ser completa.

Intentar ser perfecta te vacía,
intentar ser completa te llena.

Intentar ser perfecta te obliga a desechar cualidades muy tuyas que no fueron valoradas en su momento o que no entran dentro de los cánones de un ideal.
Si las apartas de ti, te sentirás vacía, porque estarás apartando una parte esencial de ti misma.
Si buscas sentirte completa, con lo que te gusta y con lo que te gusta menos de ti misma pero es tan tuyo, te sentirás plena, te sentirás Tú.

Este es tu verdadero viaje: Llegar a ser Tú misma.

El proceso de Individuación, es el que dirige lo que nos va ocurriendo a lo largo de nuestra vida, para lograr desarrollarnos plenamente y llegar a ser mujeres completas.
Es el proceso de desarrollo de nuestra identidad única.
Todo lo que nos va sucediendo a lo largo de la vida tiene un sentido, llegar a ser nosotras mismas, seres únicos.
Este es el impulso natural de nuestra psique.
Y ella no espera a que decidas el momento oportuno, ella es movimiento, va hacia delante, aunque en ocasiones te parezca que es un remolino que baja y sube.

Sara es una chica de 40 años.
Hubo una época en que su esquema de vida era el de todo el mundo, acabar los estudios, conseguir un buen trabajo, encontrar una pareja, tener una familia, comer perdices y vivir felices.
Nunca se cuestionó este esquema de vida, era el que perseguía todo el mundo.
Cuando consiguió todo esto, no vivió feliz, sino que entró en una depresión.

Nada la ilusionaba, estaba triste y cada vez se encerraba más en si misma.
Su pareja, su familia y sus amigos cada vez la notaban más apagada y empezaron a preocuparse.
Por más que le reflejaban que no le faltaba de nada, ella no conseguía disfrutar de todo lo alcanzado. Y eso la hacía sentir culpable.
Un día, su pareja le comentó que quería ser padre y Sara entró en pánico.

Siempre había soñado con ese momento, sin embargo, no entendía cómo no botaba de alegría y por qué tenía ese nudo en la garganta.
El sentimiento de culpa aumentó al imaginarse siendo madre y notar que le faltaba el aire. El peso de esa responsabilidad la asfixiaba.
No sabía a quien explicárselo, temía ser juzgada por su entorno.
Y cada día que pasaba se sentía peor, hasta que Sara se dio cuenta que no quería ser madre y entró en crisis.

Esta lucha de opuestos, entre la necesidad de ser madre y la necesidad de ser libre le generó tanta tensión interna a Sara que cuando entró en crisis decidió buscar ayuda.

Sara empezó a conocerse a si misma y a aceptarse sin juzgarse.

Inició un proceso de autoconocimiento para ser consciente de esas partes opuestas que luchaban en su interior, aceptarlas e integrarlas.
De esta integración nació algo nuevo, una energía creativa desconocida que no la precipitaba a ser madre sino a crear un proyecto afín a sus valores con el que podía contribuir a su comunidad.
Esa nueva energía vital creadora la ilusionaba, la motivaba y la conectaba a su verdadera esencia.
Lógicamente esta integración trajo ajustes en la vida de Sara.
Este cambio, esta Sara más aventurera que proponía nuevas maneras de vivir y de relacionarse, no encajó con su pareja.
Aceptar que no tenían caminos afines fue muy duro para ellos.
Después de una época oscura, ambos
comprendieron que, ser fiel a uno mismo, es la base de la felicidad en pareja.
Sacrificar una parte de si mismos para poder continuar juntos, no ayudaba a que la relación funcionara.
Finalmente, se separaron.

Sara consiguió reconstruir su vida alrededor de esa piedra angular que es el CONOCERSE A UNA MISMA.

Cada elección en su vida se basaba en si misma, en lugar del que dirán, el cómo me verán o como lo encajarán.
Muchas personas la tildaron de egoísta, sin embargo, ella sabía que querer bucear en las profundidades de su alma y vivir en función de sus propios valores, sentimientos e ideales, en lugar de dejarse llevar por la corriente de una vida que toca o de unos estándares basados en lo que cree la mayoría, no tenía nada que ver con el egoísmo sino con SER AUTÉNTICA.

Ella sabía que si no era auténtica y vivía en consonancia con ella misma, no podía ser auténtica con los demás.
No podía seguir caminando con los ojos vendados a su propio interior.
Ella sabía que no hay mayor pena que vivir una vida que no resuena con una misma.
Y esa, es la pena que veía a diario en los ojos ajenos
Y esa, es la pena que se transmite de unos a otros.
Ella no quería ocupar un lugar en la vida de alguien, a quien no pudiera darle lo mejor de ella misma. Por eso, ella quería conocer quién era de veras para poder comprometerse desde lo más íntimo de su alma con un compañero afín a ella.

Sara, consiguió soltar todo aquello que no resonaba con su esencia más íntima.
La prueba de que estaba en su camino era que cada día se sentía mejor, tanto con ella misma, como con su entorno.
Los ajustes que fue realizando la hacían sentir más viva, más ELLA.

Para ella el CONOCERSE A SI MISMA fue la base desde la cual creó una vida auténtica y plena.

Lo curioso, es que siempre creemos saber quienes somos y cuando nos damos cuenta que el camino que seguimos, el camino de todos, nos conduce a un callejón sin salida, entramos en crisis.

Vivir una vida que no resuena con nosotras es la mayor enfermedad de nuestros días.

Las rupturas de pareja, los problemas laborales y las enfermedades, muchas veces son consecuencia de vivir atrapadas en lo que toca.
La lucha entre, lo que se espera de nosotras y lo que realmente somos, genera tal tensión, que lo que sucede fuera es un reflejo de lo que sucede dentro.
La incertidumbre, el pánico y la culpa empiezan a pesar sobre nuestras espaldas,
Y la crisis es el catalizador que nos lanza a iniciar un proceso de descubrimiento interior:

Nuestro propio proceso de Individuación: CONOCERNOS A NOSOTRAS MISMAS

Si Sara se hubiera conocido y hubiera integrado sus opuestos en conflicto, la elección del tipo de compañero hubiera sido diferente, su vida hubiera mantenido ese toque de libertad que tanto necesita, su trabajo hubiera sido más creativo.
Hubiera sido consciente que la maternidad es una elección y no una obligación.
Se hubiera permitido ser ella misma, en lugar de sentir culpa cada vez que quería huir de lo que toca.
En definitiva, hubiera construido una vida en función de si misma.

Sara se dio cuenta que nunca es tarde,
Si estás en crisis, elige ser Tú

CONÓCETE A TI MISMA.

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