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Tengo derecho a indignarme

¿ Te choca este título ?

A mi también me chocó cuando lo escribí.

¿ sabes por qué ?

Porque vivimos en un momento en el que parece que con tanto “si quieres puedes”, “atraigo lo que pienso”, “puedo crear la vida que quiero”, “estoy conectada”, “sólo me rodeo de energía positiva”, “hay que dar gracias por todo”…
una ya no tiene derecho a cabrearse, tener un mal día o simplemente estar de mal rollo.

Parece que una ya no tiene derecho a indignarse.

Antes tapábamos lo que sentíamos y ahora tenemos que forzarnos a estar de buen rollo.

¿ Por qué siempre vamos de un extremo al otro ?

Seguramente, en algún momento de tu vida, hayas compartido con tus amigas o tu familia que estás enfadada porque una amiga te llama para contarte sus problemas y cuando la necesitas se esfuma, el chico que parecía el príncipe azul ha desaparecido, tu jefe siempre quiere quedar bien y te deja en evidencia para no aceptar sus errores , tu compañera de trabajo es una trepa que roba tus ideas, o a pesar de tus esfuerzos, las cosas no están saliendo como a ti te gustaría…

Lo explicas con todo lujo de detalles, en toda su magnitud y dándolo todo.
Cuando acabas tu brillante exposición, miras a tu audiencia esperando un comprensivo “ buff vaya tela” y en su lugar recibes con un tono arrogante:

“Tienes que aprender a fluir”

o el típico,

“Acepta la situación”

que te diría tu terapeuta.

Tu rostro es un poema, ahora estás aún más cabreada.
Y estás en tu derecho de cabrearte, tú has aprendido a compartir y respetar tus emociones, es natural que esperes el mismo respeto a tus estados de ánimo por parte de los demás, lo consideras natural.
Sin embargo, estamos en una sociedad que pasa de la crisis máxima al buen rollo máximo.
Quizás nos iría muy bien una dosis de realidad.
No hay luz sin sombra, así que, no hay días buenos sin dias malos.
Es mucho más realista y saludable, gestionar los días malos en lugar de anularlos como si fueras una rara malhumorada entre fanáticos del buen rollo, la gratitud y la conexión.

Dejémos de exagerar…

Toquemos de pies a tierra.
No se trata de ir quejándonos todo el día consiguiendo que nadie quiera estar a nuestro lado, se trata de ser coherente y expresar los sentimientos y emociones que consideramos “ negativos” sin que nos etiqueten de “ negativas” o “ pesimistas” y sin sentir una culpa enorme y una sensación de ser inadecuadas por algo tan normal como sentirse mal en un momento dado.
El:
“ Tienes que aprender a fluir” y el “ Acepta la situación”

son buenos consejos que seguro te los dicen con la mejor de las intenciones, pero ahora no tocan…

Ahora toca cabrearse e indignarse.

Porque detrás de expresar el cabreo y la indignación, sin dañar a nadie, es donde logramos que aparezca el espacio para desahogarnos, soltar esas emociones que de otro modo somatizaría nuestro cuerpo, aceptar lo ocurrido, aprender de la experiencia y finalmente fluir con la vida.

Así que, la próxima vez que algo te moleste y te enfades, respeta lo que sientes, acógelo y vívelo. Si te encuentras a alguien que ve que estás enfadada, antes de que te suelte las típicas frases de autoayuda, le dices:

Hoy estoy enfadada y tengo derecho a indignarme.

Y lo vais a celebrar con un par de cervezas.

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